lunes, 11 de agosto de 2008

Estafado por un "infomercial"

Enciendo la tele y selecciono el canal que acostumbro sintonizar. Es un canal de cable (pago el servicio para tener la posibilidad de ver mis contenidos favoritos cuando me dé la gana). Se aproxima el horario anunciado… ¡Por fin veré el inicio de la nueva temporada de aquella serie!... Pero… ¡ESPERA!... ¡Aún faltan cinco minutos!... El canal difunde un “infomercial”; es decir, uno de aquellos comerciales tan simpáticos que anuncian el lanzamiento de un producto novedoso bajo la consigna de “LLAME YA”.

Se trata de un invento valiosísimo: es el nuevo “Super Shining Nails Device”, un aparatito con pinta de cenicero que, al introducir los dedos en el espacio cóncavo central, activa una serie de cepillos que, automáticamente, aparecen casi por arte de magia desde los bordes dirigiéndose en busca de las uñas para pulirlas prolijamente garantizando que, luego de algunos segundos, las mismas quedarán tan relucientes como una pieza de joyería.

Mi mami alguna vez me dijo que unas uñas bien cuidadas impresionarían a cualquier mujer. Entonces, aquel comercial estaba ratificando las palabras de mamá… Ese anuncio ¡ERA MI MAMI!...

El locutor era un genio: no sólo anunciaba la milagrosa aparición del “Super Shining Nails Device”, sino que también parecía conocer todas y cada una de las situaciones bochornosas que yo había experimentado (o podría experimentar) durante mi vida por tener un juego de uñas descuidadas:

“Imagínese que, durante una cita romántica, su pareja le dice: ‘mi vida, ráscame la espalda’ y Usted tiene las uñas OPACAS y DESGASTADAS, como si fuera una momia de 3.000 años de edad. ¿Qué reacción causaría en la chica que desea impresionar?... ¡Seguramente ella no querrá ser rascada por aquellas uñas que le recuerden al ‘Chupacabras’!”…

“Suponga que Usted va al sauna. Ahí se encuentra con un amigo de toda la vida. Él siente un aprecio especial por Usted, siempre conversan animadamente cuando se ven en la calle; pero… ¡OH, DECEPCIÓN!... ¡En el sauna es OTRA COSA!... Casi sin querer él ve sus pies y descubre que sus uñas perdieron su brillo natural… ¡ADIÓS AMISTAD!... ¡ADIÓS OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS!”…

“Usted tiene prisa por llegar a una reunión de trabajo. Toma un taxi y le dice al chófer que siga aquel atajo libre de congestión vehicular. Faltan DOS MINUTOS para el inicio de la junta y, gracias a Dios, el taxi está a punto de llegar a la puerta del edificio de la Compañía. Usted, contento y agradecido, saca del bolsillo unas cuantas monedas y, cuando se dispone a pagar al conductor, éste se percata que el dinero es sostenido por una mano cuyas uñas no fueron debidamente pulidas por el ‘Super Shining Nails Device’. Entonces, sorprendido, el taxista pierde el control del vehículo y se estrella con el poste del semáforo, el cual, por tan feroz impacto, cae sobre la acera matando instantáneamente al vendedor de periódicos. Los cables del poste hacen contacto entre sí y, al caer sobre los periódicos del vendedor de periódicos, ocasionan una llama de fuego que se extiende hasta la licorería ubicada al lado del ingreso de su oficina (minutos antes el dueño de la licorería había roto una botella de vodka al bajar de su camioneta, dejando un sendero de alcohol en el trayecto comprendido entre el borde de la acera y la puerta de la licorería). Cuando las llamas llegan a la licorería se inicia un incendio de magnitudes increíbles. Segundos después, el fuego alcanza el estante de bebidas alcohólicas y la licorería explota fuertemente (la bodega contenía grandes cantidades de cohetes pirotécnicos que el propietario había almacenado ilegalmente con la intención de ganar unos pesos “extra” durante la celebración del Bicentenario de la ciudad). La explosión hace que el edificio colindante (en el cual se encontraba la oficina a la cual Usted se dirigía) se derrumbe súbitamente, matando a más de un centenar de trabajadores, dejando miles de heridos y, además, aplastando el taxi que le había llevado hasta el lugar… ¡UN DESASTRE!... ¡¡¡TODO UN DESASTRE QUE USTED PUDO HABER EVITADO SI SÓLAMENTE HUBIERA LLAMADO A NUESTROS OPERADORES PARA ENCARGAR EL INCREIBLE ‘SUPER SHINING NAILS DEVICE’!!!”…
“¡Pero eso no es todo!... Por la compra del ‘Super Shining Nails Device’ llévese GRATIS el ‘Power Fire Extinguisher’, un extintor de incendios altamente poderoso para esos casos de emergencia”… “¡¡¡LLAME YA!!!”… “¡¡¡LLAME AHORA MISMO!!!”… “¿QUÉ ESPERA, CARAJO?”…

Quedé convencido al escuchar tan cordial invitación. Después de todo, ¿quién no podría identificarse con situaciones como las mencionadas por el comercial?. De inmediato tomé el teléfono con la esperanza de que tan necesario artículo no se hubiera agotado (el locutor acababa de decir que la oferta es “por tiempo limitado”). Me contestó una telefonista que, por cómo se escuchaba, probablemente acababa de sufrir las consecuencias del incendio, pues su tono era ronco y vibrante, similar al que experimento luego de varias horas de sueño.

- “¡Jm!... ¡M…J…Jum!.. ¿TELE-SALES Asociation?... Habla Dévora, ¿en qué puedo servirle?”
- “Sí… mire… acabo de ver su comercial por televisión y…”
- “¿EN SERIO?... ¿Lo vio?... ¡¡¡JEFE, un tipo vio el anuncio de la tele!!!”
- “Eh… Sí… Yo… quisiera comprar el ‘Super Shining Nails Device’ que acaban de anunciar…”
- “¿EL QUÉ?”
- “El ‘Super Shining Nails Device’ que acaban de anunciar”
- “¡AH!... ¡El ‘S.S.N.D’!”
- “Bueno… creo que sí…”
- “O.K. Son 39.99 dólares más gastos de envío. ¿Tiene tarjeta de crédito?”
- “Sí…”
- “¿TIENE?... ¡¡¡JEFE, tiene tarjeta de crédito!!!”
- “Eh… sí…m ¿le doy el número?”
- “¿El número?... ¡O.K.!”
- “Es el 9966-7755-9876”
- “Siete, siete…”
- “Cinco, cinco, nueve, ocho, siete, seis”
- “… Cinco…”
- “Cinco…”
- “Por eso… ¡Cinco!”
- “¡Dos cincos!”
- “¿Después de qué?”
- “Después del sesenta y seis”
- “O sea, ¿borro el seis, seis?”
- “¡NO!... Eso es sesenta y seis”
- “¿Después de qué?”
- “Después del noventa y nueve”
- “¿Noventa y qué?”
- “Noventa y nueve”
- “O sea, nueve, cero y nueve otra vez”
- “¡NO!... Nueve y nueve”
- “¿Nueve y nueve?”
- “Sí… Nueve y nueve”
- “Me gusta el nueve y nueve… Me gusta el nueve y nueve”…
- “Bueno, mejor se lo anoto cuando me traigan el producto”
Le di mi dirección y, al día siguiente, recibí en mi propia casa el famoso “Super Shining Nails Device”. La caja de cartón contenía el atractivo dibujo de una pantalla de televisor con la frase “As seen on TV”. También se podía ver la fotografía del producto milagroso. Entusiasmado la abrí y, en su interior, encontré un juguete de plástico de color negro. Tenía la apariencia del “Super Shining Nails Device”; pero más bien parecía algún obsequio, como esos que encontramos en las cajas de cereales. Para colmo, el aparatito lucía gastado, de “segunda mano”, con algunas ralladuras. Inmediatamente dejé esa cosa sobre la mesa y busqué en el interior de la caja el “S.S.N.D.” que había visto en la tele. Para mi sorpresa, en el embalaje sólo quedaba un adaptador de corriente y un manual de instrucciones FOTOCOPIADO. Volví a observar el ordinario artículo que dejé sobre la mesa. ¿ESE ERA EL SUPER SHINING NAILS DEVICE?... ¡ESE ERA EL SUPER SHINING NAILS DEVICE!

No se parecía a aquel llamativo, brillante, moderno y extraordinario que vi por televisión. Este parecía una burda falsificación; pero, “bueno”, me dije, “todos lucimos diferente en la pantalla, ¿no?”… Recuperando mi optimismo enchufé mi nuevo “Super Shining Nails Device”, introduje la mano en el centro (como decía el manual) y presioné el botón “START”. Desde una de las ranuras del costado salió un pequeño cepillo de cerdas tan gruesas que uno de mis dedos comenzó a sangrar. “Debe ser normal que suceda esto la primera vez”, pensé. Escuché un ruido similar al de una matraca proveniente del dispositivo. Era el otro cepillo que no había logrado salir por la ranura y que giraba desesperadamente en el interior. Intenté ayudar al pobre cepillito introduciendo mi dedo suavemente. De pronto, dejó de dar vueltas y allí se quedó. Mientras tanto, el primer cepillo no dejaba de torturar mi mano que, para entonces, sangraba profusamente. Presioné el botón “STOP”, el cual salió volando impulsado por un resorte golpeándome el ojo fuertemente. Creí haber perdido la vista; pero al menos comprobé que aún gozaba del sentido del olfato, pues un fuerte olor a plástico quemado comenzó a invadir toda la casa. Con el ojo bueno que me quedaba comprobé que el adaptador de corriente estaba ardiendo en llamas. Desesperado sofoqué el fuego con el manual de instrucciones (era lo primero que tenía a mano). Desconecté el artefacto y, encolerizado, marqué el número de “Tele-Sales Asociation”. La operadora me contestó amablemente y le expliqué lo ocurrido. Ella me comunicó con el encargado de reclamos:

- “Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle?”
- “Buenas tardes. Acabo de comprar el “Super Shining Nails Device” y la maldita cosa tiene defectos de fábrica”
- “¿Defectos de fábrica?, ¿está Usted seguro?”
- “Bueno, no sé… No estuve allí cuando lo fabricaron; pero…”
- “¡Ah!... Entonces no le consta que el defecto es de fábrica”
- “No; pero el aparatito de mierda me hizo daño y se incendió”
- “Mmm… Quizás Usted no leyó correctamente las instrucciones. Por eso se lastimó; pero no era motivo para incendiarlo”
- “Yo no lo incendié. ¡Se incendió sólo!”
- “Imposible, Señor. Únicamente el “Self Destruction System” tiene la propiedad de auto-incendiarse”
- “¡Pues esta huevada también!”
- “¡Un momento, Señor!... Cuide su lenguaje. Gracias por llamar. Hasta luego”
- “¿Cómo que “hasta luego”?... ¡¡¡Quiero la devolución de mi dinero!!!”
- “Está bien, Señor. Tráiganos el producto en buen estado y le devolveremos su dinero”
- “¿Cómo voy a llevarles el producto en buen estado si acaba de joderse?”
- “Mire, cuando Usted recibió el producto firmó nuestro formulario indicando que lo recibió conforme. Eso es como una declaración jurada de que el artefacto estaba en óptimas condiciones”
- “Pero no lo estaba”
- “Entonces Usted dio falso testimonio. Eso tiene cárcel, Señor. ¡Qué barbaridad!... Debería darle vergüenza faltar a la ley por haber firmado un documento con premeditadas intenciones de desprestigiar a nuestra compañía. Nosotros trabajamos brindando servicios de utilidad a la sociedad y Usted se atreve a acusarnos injustamente de haberle engañado. Pero esto no va a quedar así. Vamos a demandarlo por calumnia exigiendo el pago de una indemnización por daños y perjuicios que le costará muy caro”
- “Eh… no… yo… solamente… quería…”
- “¿Qué quería Usted, Señor?, ¿eh?, ¿qué quería?”
- “Y-yo… solamente quería… ¡agradecerles por tan fantástico producto!”
- “No fue nada, Señor. Estamos para servirle. Fue un placer atenderle. Hasta pronto”
- “Sólo una cosa más”
- “Dígame, Señor”
- “Eh… ¿Cuánto cuesta el “Self Destruction System?”

Obviamente, el relato anterior es exagerado (además de ser ficticio); pero así, de manera humorística, quise representar la verdadera estafa de la cual mucha gente es víctima por sólo creer en los famosos “infomerciales” televisivos. Lo cierto es que tales comerciales incurren frecuentemente en el delito de “falsa propaganda”, pues prometen calidad cuando en realidad venden artículos que, por no haber superado los requerimientos mínimos exigidos por las instituciones de defensa del consumidor, no consiguen la autorización para ser ofrecidos en las tiendas y locales comerciales. Entonces, los fabricantes recurren a la oferta televisiva, trampeando la ley, pues se trata de una “venta directa”, realizada de común acuerdo entre vendedor y comprador.

Algunos anuncios prometen “satisfacción garantizada o le devolvemos su dinero”; pero también son expertos en el truco de la “letra chica” y en el arte de dificultar el proceso de reclamos de tal manera que, finalmente, el cliente prefiere quedarse con el producto defectuoso.

“No todo lo que brilla es oro” y, sin duda, los “infomerciales” son una clara muestra del poder de convencimiento de la publicidad. Casi por naturaleza estamos convencidos de que “si la publicidad lo dice, es cierto”; pero, como consumidores, debemos ser suficientemente desconfiados al recibir ofertas y mensajes diseñados con la intención de crear en nuestras mentes falsas necesidades. Después de todo, la vida de muchos estaba bien hasta que creyeron que era imprescindible tener en casa una bombilla que no requiere cables; pero todos ellos se sintieron defraudados e, incluso, estúpidos al comprobar que, lo que compraron, en realidad no era otra cosa más que una linterna en forma de foco (la diferencia es que por ella pagaron más de veinte veces el precio regular de mercado y, para colmo, el bendito producto ni siquiera superó algún control de calidad).

¡No se dejen engañar!

NOTA: Seguramente varios anunciantes de “infomerciales” se sentirán ofendidos por este artículo y tendrán intenciones de demandarme. A ellos les digo que no pierdan el tiempo pues, cuando me llamen, mis “operadoras” les dirán que “todo reclamo será atendido previa presentación de un documento legal que certifique la calidad de sus inútiles inventos”.

2 comentarios:

  1. Saludos,
    A mi me encanta comprar esas cosas....pero prefiero ir a las tiendas para al menos echar un ojo antes del engaño, claro que me pasó que el cuchillo irrompible era tan bueno que rompió el mango, pero lo de el foco sin cables si que no me lo trague.

    En el fondo esta publicidad no comete delito alguno (además que se cuidan con la letra pequeña), pero si que necesitamos establecer mecanismos de protección al consumidor.

    Pero ahí me surge una duda de fondo ¿esta la publicidad protegida por la libertad de expresión?

    En el caso de compras pues creo que no hay mayor debate, pero en el caso de las empresas de seguridad? pueden impunemente llenarnos de miedo? cuanto aportan estas empresas a los espacios de noticias de "seguridad"?

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  2. Juan José:

    ¿A qué espacios de noticias y a qué empresas de seguridad te refieres?

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